miércoles, 2 de marzo de 2016

Viva el monte!


Una vez más en el camino, esta vez buscando una tierra para hacer realidad nuestras ganas de integrarnos de forma saludable con nuestro ambiente.

Estamos viviendo el resultado de muchos hechos que se vienen precipitando en cascada. Nuestro amor e interés por la naturaleza, carrera de grado, posgrado en biología y varios años en la investigación científica nos dieron por resultado mucho estudio, mucha teoría y mucho tiempo frente a la computadora y el laboratorio. Pero cada vez menos tiempo en contacto con la fuente que nos inspira: nuestro entorno natural, sus ritmos, formas y modos de vida ligados a la tierra. Por otra parte, como seres multifaséticos siempre nos acompañó el amor por las artes corporales y otras formas de expresión artística como danza, acrobacia, música, escritura y acroyoga.
Así se nos vino un brusco volantazo. La conciencia que nos moviliza a redireccionar nuestras fuerzas, recobrar el control de nuestro bote y asignar nuestro tiempo a todas las cosas que disfrutamos hacer sin que una sea más importante que la otra, un todo integral, nuestra vida. Le siguieron nueve meses de viaje por Latinoamérica donde conocimos bellas personas y comunidades y compartimos agroecología, cocina natural, acrobacias. Disfrutamos muchos paisajes, aves, insectos, otros animales, plantas…
Hoy, nuestro andar sigue siendo un viaje. Dónde podemos ser? Dónde harías tu nidada? Norte o Sur? Lo difícil es limitar la inmensidad cuando sentimos que somos parte de todos los sitios que visitamos. Decidimos el centro argentino, nuestro país de nacimiento, el Chaco serrano, Córdoba traslasierra. El nuevo comienzo: enero 2016, ya se cumplen casi 2 meses de un nuevo nacimiento y un nuevo sueño que cumplir. 
Los paisajes dominados por el verde uniforme de la soja por suerte empezaron a disolverse entre las sierras. El biocorredor Comechingón aún es un espacio increíble donde la naturaleza está muy presente en su monte, sus arroyos y vertientes de agua cristalina y sus pueblitos serranos. A pesar de ello también tiene un gran crecimiento demográfico por parte de emigrantes de las grandes ciudades como Buenos Aires, Rosario y Córdoba capital.
En nuestro andar compartimos unos hermosos días con la familia de Matías y Cintia en Travesía. Su proyecto llamado Viva el monte! realiza algo tan innovador como ancestral: el aprovechamiento de los frutos silvestres del monte nativo. El fruto estrella es la chaucha de algarrobo que se recolecta a mano en diferentes regiones del país. Las chauchas son secadas al sol, posteriormente molidas para dar un producto de excelente valor nutricional además de delicioso: la harina de algarroba. A partir de las chauchas de dicho árbol también se elabora la aloja (bebida sin alcohol), la leche de algarroba, el patay (tipo de pan), el arrope y el torrado (similar al café). Todo en forma artesanal y cuidando muchísimo la calidad. Así pudimos verlo los días que estuvimos como voluntarios. No sólo el algarrobo es posible aprovechar en forma consciente del monte sino también piquillín, molle, quitucho (ají picante silvestre), hongo de molle, miel de monte, mistol, tuna, chañar, etc. para la elaboración de jaleas, dulces, arropes, miel, hongos secos, vinagres y otros manjares.
Teniendo en cuenta nuestra forma de vida urbana actual que favorece el desmonte para la utilización de su madera y la expansión de la frontera agrícola y ganaderapor un lado, y el aumento de una alimentación cada vez más procesada y refinada por el otro; “volver” al monte en busca de sus frutos no es para nada un retroceso. Sin embargo, actualmente el monte para muchos es un lugar irreconocible, inhóspito y olvidado, externo, ajeno y peligroso; tanto para las personas de la ciudad como para muchas que conviven diariamente con él. Por esto, esta noble tarea de dirigir la mirada hacia el monte es una forma de aliviar las heridas que le estamos produciendo a un ecosistema que nos brinda todos sus servicios en forma gratuita y desinteresada. Ni más ni menos que el agua para los cultivos, animales y personas; la regulación del clima; la conservación de los suelos, el hogar de muchísimos seres y paisajes hermosos para nuestra vista. Todos ellos invaluables, elementos sin precio, cuya pérdida estamos afrontando cada vez con mayor intensidad como externalidades ambientales.
El desafío actual es reintegrar nuestra forma de vida con lo silvestre, reinventando una nueva manera de vivir. De otra forma, sin conocer su valor y el aprovechamiento de sus productos, será muy difícil lograr un sano equilibrio. Proyectos como el que describimos y el saber de muchas personas que saben aprovechar sanamente su medio nos muestran que es posible una vida donde todos podamos ser consecuentes y responsables de nuestras acciones.
Más info: alimentos@vivaelmonte.com.ar
Viva el Monte – Alimentos ancestrales (Facebook)




Nota escrita por: Pablo V. Perepelizin (espiralpracticasapropiadas@gmail.com)

 
 

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